LUCÍA ARESTÉLA VANGUARDIA DEL NUEVO TALENTO NEORRURAL
Lucía Aresté es responsable de comunicación de millenniArs, coordinadora de la colección millenniArs – cuya misión es dar a conocer a las nuevas generaciones de nuestro territorio – y de Ellas Suman, mujeres que incrementan el valor de sus empresas. Españolas que han querido y han podido progresar profesionalmente. Formó parte del equipo que organizó el primer congreso Storytelling Works y los Premios Mateo en Monzón y ahora trabaja en la organización del I Congreso de Expertas y Expertos en Gestión de Talento, Marketing y Comunicación, Ellas Suman. Es autora de Juan Arnau, visionario, innovador, pionero y coautora de Las ventajas de transformar la materia y prima y hacer marca: Valonga y los hermanos Ferrer, de la colección millenniArs. Se graduó en Periodismo por la Universidad de Zaragoza, donde también cursó un postgrado de Protocolo y Organización de Eventos.

Acabas de licenciarte y no paras… Has publicado un libro, estás a punto de presentar el próximo, eres la responsable de la comunicación de millenniArs y la asistente de Carmen Marco en la organización de Ellas Suman. ¿Vértigo?

Quizá al leerlo todo del tirón y teniendo en cuenta cómo están las cosas… un poquito sí, ¡tengo casi más cargos que el Rey! Pero he tenido la suerte de vivir y participar en los primeros pasos de millenniArs, así que me he podido ir involucrando con todos sus proyectos, hasta que han formado parte de mi día a día, como si fueran míos.

¿Es el mundo profesional tal y como lo imaginabas?

Me iba haciendo una idea… He tenido la suerte de realizar prácticas en dos lugares en los que he podido aprender mucho por razones casi opuestas. Estuve dos veranos en el Diario del AltoAragón y estoy segura de que fue allí donde aprendí lo que es en realidad el periodismo, sus ritmos de trabajo, sus pros y sus contras… pero además conocí a personas que me enseñaron mucho y con las que he podido contar siempre. Después estuve en otro lugar que, básicamente, me sirvió para poner los pies en la Tierra, para aprender a lidiar con un día a día no tan agradable pero con el que te puedes encontrar en cualquier profesión, para aprender a defender una postura, unos “derechos”… 

En poco tiempo, he podido conocer dos situaciones muy diferentes que creo que me han servido mucho para ir creciendo como periodista y como persona.

Has decido “sumar y quedarte”,  ¿por qué?

Porque ya no hace falta estar en una gran ciudad para desarrollar según qué trabajos o actividades, porque gracias a las nuevas tecnologías podemos conectarnos tan fácilmente con nuestro vecino como con una persona que está en la otra punta de España, porque aquí he encontrado un proyecto que me gusta y que me da muchas oportunidades… y porque me encanta vivir en Ballobar y tener cerca a la gente que quiero.

¿Hay oportunidades en las ciudades pequeñas?

Por supuesto. En todos los lugares, por pequeños que sean, hay personas con ganas de innovar y de llevar a cabo proyectos interesantes. Lo que sucede es que algunas veces estas personas y estos proyectos pasan bastante desapercibidos y parece que no existan… pero hay que buscarlos y, si te convencen, decidir apostar por ellos, porque la recompensa es muy gratificante.

El pueblo, o la ciudad pequeña, ya no es lo que era… ya no siempre es necesario irse a Madrid o Barcelona para trabajar en lo que te gusta. Es una de las ventajas de pertenecer a la generación del milenio. Gracias a las nuevas tecnologías tenemos muchas oportunidades, pero debemos aprender a explotarlas al máximo. No solo han surgido nuevas profesiones gracias a estas nuevas herramientas de comunicación, sino que además, en muchos casos, nos permiten trabajar desde nuestra propia casa, tener un compañero de trabajo a 50 kilómetros, o a 500…

¿Lo saben en Madrid y Barcelona?

Imagino que hay gente que lo sabe y gente que no… Hasta en mi generación hay personas que parece que llegan al pueblo a “descubrirnos el mundo” pero, evidentemente, también hay gente que sabe reconocer las ventajas y oportunidades que puede darte una ciudad pequeña, tanto a nivel personal como profesional.

Se habla mucho de trabajo colaborativo pero ¿funciona?

¡Claro! Dos cabezas, ¡o tres!, piensan mejor que una sola. Además, no hay dos personas iguales, cada uno tenemos nuestras virtudes y nuestras carencias, así que apostar por el trabajo colaborativo significa apostar por equipos más eficientes y multidisciplinares, que pueden llegar a realizar proyectos extraordinarios.

¿Qué echas de menos trabajando “local”?

Aunque es algo que también podría sucederme en una gran ciudad, lo que más suelo echar de menos es compartir un espacio físico con compañeros… A veces tengo suerte y puedo trabajar en compañía pero otros días solo comparto oficina con mi gato (risas). 

Me encantaría trabajar o incluso montar un espacio de coworking. Creo que es una buenísima opción no solo para trabajar en compañía, sino para fomentar el trabajo colaborativo y las relaciones cliente-proveedor.

¿Por qué tienen que inscribirse los jóvenes profesionales y los universitarios a congresos y actividades de networking?

Porque es ahí donde surgen los equipos, los clientes y las oportunidades. Cuando llevas tu curriculum a una empresa, pasas a formar parte de una enorme pila de folios con nombres y más nombres que esperan un trabajo… Las actividades de networking te pueden ayudar a dar un gran salto: Te permiten aprender de los mejores profesionales y son el escenario idóneo para conocer gente que quizás pueda abrirte las puertas de tu profesión. Eso sí, hay que sacar la artillería pesada, darlo todo para darse a conocer y demostrar lo que vales.

¿Te sirve  lo que has aprendido en la universidad?

Bueno, hay algunas cosas que sirven y otras muchas que no. Hay asignaturas que te aportan una buena base, cultura general y otras que directamente podrían eliminarse del plan de estudios. Sin embargo, más importante que la asignatura en sí, es quién la imparte y cómo la plantea. En mi opinión, para ser profesor de universidad (al menos de periodismo, que es lo que conozco) tendría que ser imprescindible haber ejercido, no ser solo un “teórico”, porque hay una diferencia abismal entre un tipo de profesores y otro.

Creo que esa pequeña base que se adquiere en la carrera sirve, y mucho, para que, al “pisar” el mundo laboral y ver lo que hay ahí fuera, pienses: “Y yo que pensaba que sabía…”. 

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