MARCAR O ENMARCAR

Con la marca personal en la cabeza

 

Las marcas necesitan un soporte, un tangible o corpóreo donde se disfrute físicamente del concepto y se pueda presumir de su valor. Esa idea es la personalidad de la marca, algo tan redundante como evidente en lo tocante a las marcas personales (esencia y sustancia). Lo cierto es que unas y otras se retroalimentan y se construyen con un único fin: vender la idea de ser “valioso”  o pertenecer a un grupo “valorado”.  Este argumento tan antiguo como la caverna de Platón y el concepto aristotélico de animal social nos iluminan todos los días desde el amanecer al crepúsculo y siguen inspirando nuestro pensamiento y nuestro instinto comercial.

 

Dada mi trayectoria profesional podría hablar de coches de lujo. Pasé 20 años trabajando en el sector. Y exponer las connotaciones que han elegido transmitir para implicar o seducir a su público. En el segmento de coches de gama alta,  hace no tantos años,  Mercedes, que siempre fue  la referencia, tenía atributos de  ballena, BMW de tiburón, y Audi de delfín.  Aunque  eso ocurría en los años 90 y aún sigue lloviendo.

 

Hoy lo que me interesa son las personas, no sus objetos,  y el color de sus cabellos.
Nos guste o no el color del pelo aún sigue imprimiendo carácter y tribu.
Las rubias ya no son tontas, pero en términos generales comunican menos intensidad que las morenas, y menos originalidad que las pelirrojas. Y hay mucha intención en la elección del tinte
al margen de la armonía con el tono de piel y el color de los ojos.
Es difícil discernir si el pelo hace al que lo lleva o viceversa. Personalmente nunca he podido averiguar que parte de Hannah Montana me gustaba más ( la rubia o la morena) De hecho me gustaban las dos. Lo que si quedaba claro en la serie infantil era la potencia de una peluca con un color de pelo radicalmente diferente al original.

4 rubias:
Marilyn Monroe, Madona, Gwyneth Paltrow o Máxima de Dinamarca.

 

4 morenas:
La duquesa de Cambridge, Angelina Jolie, Eva longoria, Megan Fox

 

4 pelirrojas:
Lana del Rei, Emma Stone, la duquesa de York, Julianne Moore

 

Solo con mencionar sus nombres visualizamos su físico, y al hacerlo el pelo es un referente, un marco que encuadra la marca personal. Un marco que elegimos y que cuidamos conscientes de su importancia. Es difícil cambiar los rasgos de nuestro rostro, no imposible. Pero es fácili determinar el peinado que mejor nos va. El pelo es sin lugar a ningún tipo de dudas uno de los atributos más significativos de la imagen que tenemos de nosotros mismos y de la que queremos proyectar. Invertir tiempo en una sesión fotográfica  o en un video donde podamos vernos a nosotras mismas  con diferentes colores, medidas y estilos es algo que hoy en día está al alcance de todas, pero que sin embargo, por pudor, pereza  o ignorancia no muchas nos atrevemos a materializar. No dejes de hacerlo. Es algo sencillo pero que compensa. Y si cuidas del marco de tu cara, estás cuidando de tu marca personal.

 

No menciono a las que por edad o patología han decidido dar rienda suelta a las canas. Una decisión personal y en la mayoría de los casos muy elegante.

 

Como puede verse hay tantas formas de diferenciarse como proponía Aristóteles o quizás no tantas como al parecer sugería su maestro Platón.  Aunque yo por defecto me quede con el padre del pensamiento occidental y apueste por encontrar la diferencia como estrategia para ser uno mismo. Y presumir de marca personal. Si  presumes de diferencia quizás es porque has pensado en ella. Y ya se sabe si piensas  entonces quizás existas. O al menos eso creía René -No lo Descartes- 😉


Aquí una diferencióloga fan de “soymimarca”
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